Eramos dos polos opuestos: nos atraía nuestra naturaleza.
Yo era el Sol, todo luz y vida; tú eras la Luna, frío y oscuro, con una cara oculta. Poco a poco mi luz iluminaba ese lado oscuro; poco a poco tu tristeza me eclipsaba. Con los años las cosas fueron cambiando: la inocencia desapareció, la luz se atenuó y en mi interior se hizo de noche. Al final la oscuridad ganó terreno a la luz, la noche derrotó al día. Nuestros polos dejaron de ser opuestos.
Rene Montsom
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